Las ilusiones no son más que pelotas de cristal, que al ver a través suyo transforman nuestra realidad. Son simples pelotitas que nos sirven para soñar, jugar y sonreír. El problema es cuando se caen, rompiéndose en minúsculos pedazos que aguijonearán nuestros pies al andar. Yo ya tengo callo en las plantas, así que busco sin parar más pelotitas que añadir a mis juegos malabares. Por mucho que me duela mi camino es demasiado largo como para pararme.
Algo me duele dentro, pero yo sigo sonriendo.
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