El presente eterno.

Hoy ha sido un día de mierda. La gente tiene días malos, pero lo mío de hoy ha sido lamentable. No sé en que momento dejé de darme cuenta de cómo me había ido atando, crédito a crédito, a tener que aguantar al deficiente mental (con todos mis respetos al resto de deficientes) que abona mis nóminas mes a mes, recordándome que mi trabajo produce el doble de lo que percibo y que es él quien se queda la diferencia. Treinta y cinco años tengo pendientes, así sin darme cuenta y encima pagando al tipo que vigiló como firmaba mis variadas condenas.

Bueno, lo que iba diciendo, que he tenido un día horrible. Ahora estoy en mi coche (5 años de letras pendientes), parado en medio de una autopista de cuatro carriles, rodeado de cientos de condenados dentro de sus compromisos con motor. La radio torpedea con música insulsa que me ayuda a no pensar demasiado. Las primeras gotas de lluvia convierten la luna del coche en un barrizal y mientras se limpia recibo truenos en forma de bocinazos porque el tráfico parece que avanza. Lo que no se dan cuenta todos los escandalosos que me pitan es que sólo lo parece; avanzo quince metros y me vuelvo a detener.
Que ganas de llegar a casa (35 años pendiente del euribor) y que estés allí, y que hoy convivamos en paz, que hoy sea uno de esos días en los que nos queremos, en los que al irnos a la cama hagamos el amor, en vez de cuestionarnos que estamos haciendo con nuestras vidas. Porque hacer el amor es infinitamente mejor que reflexionar sobre la vida que llevamos, y eso es así básicamente porque hacer el amor es vivir, y reflexionar sobre esto es morir, es darle vueltas a un pasado inamovible y a un futuro indescifrable. Así que al llegar a casa vamos a fundirnos, el presente, tú y yo. Vamos a echar el ancla, ralentizando el tiempo y buscando el éxtasis eterno que nos otorgue un poco de sentido, que nos transporte juntos bien lejos del resto del universo. Recorreremos cada pulgada de nuestra piel, besaremos nuestras bocas y lucharemos despiadadamente en un combate interminable por ver quien es mejor amante. Y así, desnudos, sin disfraces ni tapujos le gritaremos al mundo que nunca podrá vencernos, que hemos descubierto el significado del presente y que vamos a disfrutarlo como lo único tangible que existe.

Podrán contar nuestro tiempo y nuestro dinero, intentarán calcular nuestras vidas y productividades, pero nunca nadie podrá conocer aquello que nos entregamos los días que logramos evadirnos de ellos, los días que vivimos el presente, saboreándolo, deteniéndolo e inmortalizándolo en cada uno de nuestros arrebatos amorosos. Porque el amor del momento presente es lo único que nos alimenta, es lo único que nos devuelve a nuestra esencia, tan lejos de números y plazos.

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